Barcelona, 2012
La cola de un vestido que sujetan
cien veleros de cara.
El movimiento de un peón que abre
la partida infinita.
Perfil de cormorán sobre el tejado
del viejo hangar, mohín
de marinero que embarca a disgusto.
A cada instante el mar renace, brota.
También cuando lo miran a los ojos
las palabras que acercan.
