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Barcelona, 2011

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Al bajar del tranvía,
me descubre el infierno.
De nada sirve la mirada lánguida
del disimulo. Lucifer
está ahí, en la farola,
tieso como un sonámbulo.
Y en los cables eléctricos
y en el adoquinado, pisándome la planta
del pie para que ande
con sus pasos exentos de armonía.
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