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Figueres, 2012

Rendido, acaso áptero, 
el ángel de la niebla 
se desmorona sobre el monte ralo. 
El borrón de la encina solitaria, 
las rocas, la maleza 
desaparecen bajo su faldón 
antiguo. Que no quede 
nada suena a presagio.