Gràcia, 2012
En la cocina
amontonados restos
de la cena, los
vasos y los platos
sucios de
palabras que dijimos
y que no están. Sobre
la mesa el pan
seco y
desmigajado. La botella
de vino abierta. En
el mantel las manchas
del helado que
resbaló.
Las palabras que
nos dijeron
y ya no están. Cucharas
y cuchillos
revueltos a la
sombra de las fuentes.
Y el único
vestigio de la noche,
el que asegura su
autenticidad,
la marca de unos
labios entre pliegues
de servilleta sucia, por el suelo.
