Frigiliana, 2013
Como era verano
estaban las ventanas
y las puertas abiertas.
Entraban con el aire
húmedo estridencias
de los afiladores
de cuchillos, runrún
de día de mercado,
graznidos de gaviotas
cerca de las basuras.
Y mientras se apagaba
la llama que encendieron
los besos y caricias,
las carreras de niños
escaleras abajo,
su griterío y estrépito,
avivaban la vela
con la ilusión de vida
que suplanta a la vida.
