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Dublín, 2013 

El acierto de las pedradas 
en los cristales deja estrellas 
de un cielo pobre y sin fulgor 
que ya solo la niebla besa. 

Donde el paso levanta losas 
crece maleza, rala y áspera, 
que en los días de viento agita 
su vestido de bolsas sucias. 

Los muros de ladrillo narran 
historias que les son ajenas 
en una lengua que no saben 
de una edad que no es la suya. 

Nada en la fábrica de nada 
merece la memoria. Obreros 
se cambian en el barracón. 
Alguien mira los planos. Nuevos 

muros desterrarán lo inmundo.