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Amanece. Lo sé por los gorriones
que entre las enramadas se despiertan y chillan
con aspereza. El cuerpo empieza cada día
una estación. Ayer fue verano. Anteayer
otoño. No dejó de sonar el teléfono
en la sala. Soñé que llovía sin nubes.
Clarea. Hoy será invierno. Y escribo.
