Riotinto, 2012
Bailemos en el
nido de obsidiana
de la noche. Con luces
apagadas,
viéndonos solo
por el tacto. Ojos,
abiertos al
sonido de los cuerpos,
que miran a
través de las palabras.
Entre la
oscuridad dancemos, lánguido
desconocer si
acaba o empieza el día
de cada uno,
quiénes somos, dos
conciencias de
una única
percepción. Este
magma en la madera.
