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Gràcia, 2013

Las charangas, los vítores y cánticos 
en las noches de cada víspera. 
Solas y todas juntas, abrazadas, 
no siempre con el paso firme, diosas 
desgañitándose en la calle. El nombre 
de la que era más feliz 
en las gargantas y escondido en él 
el estremecimiento de la boda. 
No añoré nunca un hombre, 
pero en cada puntada que doy oigo 
los gritos que no me nombraban.