Coimbra, 2013
Posa la noche aquella mano lánguida,
casi enferma, sin sangre,
sobre los hombros, en la cabeza, mano
que nada dice, nada
significa así puesta,
al azar de una fecha,
y sin embargo se recibe allí
con los ojos abiertos,
como un extraño símbolo,
un don que se agradece de rodillas,
la dádiva que llaga y colma el tránsito.
Deja la nada su sustancia untuosa
en el cuerpo que clamaba
amor y nadie oía,
aunque la oscuridad
bordara en el silencio su mantel
de bodas o tal vez
tela para un sudario.
