Barcelona, 2013
Habíamos llegado. Las maletas
sobre la cama, sin zapatos,
camisa abierta, despeinados.
Quizá también contentos, con el gusto
por los inicios, su espejismo.
Cama, armario, mesitas, luna,
enormes, ampulosos. Las palabras
que estrenábamos: amistad,
aventura, ciudad, futuro…
Cuarto con vistas a Martim Moniz.
Nada queda en Martim Moniz
de las sombras de aquel vacío,
ni siquiera ya en el recuerdo.
Y cuando miro hacia el presente
solo me queda por gastar un término.
