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154

mayo 2011 — mayo 2014








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Proyecto 154

 T E R C E R A   Y   Ú L T I M A   F A S E

Poemas de 154 sílabas

diciembre 2013 - mayo 2014

154 \ 7

Barcelona, 2013 

Nenúfares 
marchitos. 
Triste hojarasca 
en las orillas. 
Revuelo de gorriones, 
perros sueltos que ladran. 
Sobre el agua del sucio estanque 
peces secos y moscas negras. 
Amarillo de náusea la tarde, 
húmedo lodo en botas y en los ojos. 

Jardín 
e invierno. 
Le doy la mano 
a este vacío. 
Carraspeo de hojas, 
a lo lejos bocinas. 
Más distante la noche aquella 
en el bosque de noches muerta. 
Y sin embargo que no importe nada 
este momento, aquella afrenta inútil. 

Desorden de palabras, ninguna ausencia gime.

154 \ 6

Coimbra, 2013 

Posa la noche aquella mano lánguida, 
casi enferma, sin sangre, 
sobre los hombros, en la cabeza, mano 
que nada dice, nada 
significa así puesta, 
al azar de una fecha, 
y sin embargo se recibe allí 
con los ojos abiertos, 
como un extraño símbolo, 
un don que se agradece de rodillas, 
la dádiva que llaga y colma el tránsito. 
Deja la nada su sustancia untuosa 
en el cuerpo que clamaba 
amor y nadie oía, 
aunque la oscuridad 
bordara en el silencio su mantel 
de bodas o tal vez 
tela para un sudario.

154 \ 5

Lisboa, 2013

Con la toalla escurro
tu melena. Mi espalda,
mis piernas, mis rodillas
enjugas mientras seco
tu pecho, tus caderas,
tus pies. Busco tus bragas
entre la ropa limpia
y te visto. Consigues
mis calzoncillos negros
y los ubicas. Veo
el sujetador rojo
y acierto con el cierre.
En mi torso deslizas
la camiseta. Luego
abotono tu blusa
y cierras mi camisa.
Alzas mis pantalones,
subes la cremallera
y yo abrocho tu falda.
Y así, recién vestidos,
entre abrazos y besos,
uno al otro nos damos.

154 \ 4

Dublín, 2013 

En la pared del fondo, un reloj detenido. 
La butaca cubierta con mantas de ganchillo, 
alfombra sin color y algún raído claro, 
una rosa de plástico en un jarrón sin agua, 
figurillas de barro muy bien alineadas. 
Dentro de la vitrina, la cafetera y un juego 
de café, cada taza con su platillo, en orden. 
Luz del amanecer, palmeras y playa 
en óleo con marco ribeteado de oro. 
Tal como lo dejó cuando se lo llevaron.
Colillas apagadas dentro del cenicero. 

154 \ 3

Barcelona, 2013

En el cuaderno negro, los tesoros del paseo en una tarde de otoño. Una pluma de ave navegante. Una hoja de cedro rojo intenso. Un guijarro marengo iluminado por un rayo de luna de noviembre. La corola de una camelia rosa rubor de adolescente tras un beso. Versos turquesa de Emily Dickinson náufragos para siempre en la memoria. Aroma de jazmín crepuscular. Un destello de luz en la hojarasca. Una brizna de hierba de esmeraldas creciendo bajo pies que avanzan juntos.

154 \ 2

Dublín, 2013

Llegan viajeros 
A la estación extraña 
Oculta al viento 

Y nunca llueve 
Saltó una cañería 
Salvo esa noche 

Eternidad
Blanco de las camelias 
Algo de polvo 

Canto de aves 
Vaivén en los tranvías 
Rumor de voces 

Senda sin nieve 
Si está afuera nevando 
Ajena al ansia 

Cada silencio 
Ruido con que ocuparlo 
Luz de vainilla 

Dulces palabras 
Las que oye en canciones 
Y le repite 

Que las caricias 
Sería tan hermoso 
Fueran reales 

De noche retumbar de botas 
Cuando pasea el vigilante
Proyecto 154

 S E G U N D A   F A S E

Poemas 101 - 154

noviembre 2012-diciembre 2013

154

Dublín, 2013

Bajo la marquesina en la parada 
Del autobús, con traje de brillantes, 
Chal y medias oscuras, disimula 
Su disonancia matinal la luna. 

Siempre llega el antojo de la luz 
Con sus acólitos de abrigo y gorro 
A zanjar el exiguo territorio 
De la noche, su encanto y espejismos. 

Un poco más. Si hubiera resistido 
El brillo de la oscuridad un poco, 
El aire indiferente de la luna 

Hubiese enamorado al mozalbete 
Indeciso con quien en la ciudad 
Se cruza tantas veces. Y ninguna.

145

Barcelona, 2013

Habíamos llegado. Las maletas 
sobre la cama, sin zapatos, 
camisa abierta, despeinados. 
Quizá también contentos, con el gusto 
por los inicios, su espejismo. 

Cama, armario, mesitas, luna, 
enormes, ampulosos. Las palabras 
que estrenábamos: amistad, 
aventura, ciudad, futuro… 
Cuarto con vistas a Martim Moniz. 

Nada queda en Martim Moniz 
de las sombras de aquel vacío, 
ni siquiera ya en el recuerdo. 
Y cuando miro hacia el presente 
solo me queda por gastar un término.

152

Gràcia, 2013


                                                                          Diciembre, 1981

Qué indiferente era aquellos días
después de clase la ciudad. Qué inútil
la lluvia o el rosado atardecer
cuando sobre la puerta la campana

tintineaba y abría el paraíso.
Vida eterna de estantes atestados,
el polvo de un desierto entre los lomos,
y cuando se encontraba, la promesa

de un fulgor. Con cubierta y forro,
Garamond caja alta, dos delfines,
Poesía completa. Luis Cernuda.

Sin quinientas pesetas. En la guarda,
a lápiz. Tapo el libro. Salgo. Corro.
Vuelvo corriendo. Aún está. Lo pago.



149

Dublín, 2013

La luna teje flores blancas 
en el chaflán de la farola rota. 
Sobre el abúlico empedrado 
un breve taconeo escribe cartas 
de amor sin nombre ni remite, 
anónima también la noche, el frío, 
bultos, sombras que se intercambian 
ausencias. Nadie es nadie ni se hablan 
los que se están hablando, títeres 
en manos del vacío. Flores rojas, 
inútiles, marchitas. Raso 
en la mirada. Humedad y niebla 
y rencores de puerto. Seda 
artificial, bombillas que no alumbran, 
tiempo que va hacia el sumidero.

147

Dublín, 2013

El heno recogido. Las yeguas irritadas. 
Ladridos de los perros. Gruñidos del cerrojo 
del portón al cerrarse. 
En la frente las gotas de sudor, de humedad, 
de incertidumbre. Lonas sobre el carro, las palas. 
El cielo tan oscuro. 
Los postigos sellados. La memoria despierta. 
El temporal se acerca desde el oeste. El trueno 
lento alcanza al rayo. 
Los goterones pintan lunares en la tierra 
pálida, leve, limpia, asustada. La lluvia 
hace temblar las tejas. Igual que en el amor.

138

Barcelona, 2013 

La niebla entraba en el hangar 
con las primeras luces, la ladraban 
los perros como intruso. El viento 
de madrugada removía plásticos, 

los lanzaba contra la cerca. 
Con un bulto brillante bajo el brazo 
aparecían como sombras 
entre motas incandescentes 

los obreros. El humo se erizaba 
desde sus bocas. Daban brincos 
para eludir el frío. Masticaban 

chicle. El motor de la persiana 
rugía. Los relés saltaban roncos. 
No presagiaban el silencio.

132

Barcelona, 2013

Collar de nubes y el silencio áptero 
de los domingos, casi con nostalgia 
de las prisas por alcanzar el tiempo. 

Haré al horno la pierna, con patatas, 
se irá dorando con el día, lenta- 
mente, mientras preparo un gran bizcocho. 

No importará que los olores, juntos, 
se esparzan por el piso. La ventana 
aportará el aroma del otoño. 

Extenderé el mantel, pondré las copas, 
en el centro un jarrón de flores. Todo 
tan hermoso para que nadie venga.

153

Dublín, 2013 

El acierto de las pedradas 
en los cristales deja estrellas 
de un cielo pobre y sin fulgor 
que ya solo la niebla besa. 

Donde el paso levanta losas 
crece maleza, rala y áspera, 
que en los días de viento agita 
su vestido de bolsas sucias. 

Los muros de ladrillo narran 
historias que les son ajenas 
en una lengua que no saben 
de una edad que no es la suya. 

Nada en la fábrica de nada 
merece la memoria. Obreros 
se cambian en el barracón. 
Alguien mira los planos. Nuevos 

muros desterrarán lo inmundo.

103

Barcelona, 2013 

Despacio. Casi quieto. 
Como se parte el pan 
sobre el mantel bordado. Como flotan 
los peces del estanque. 
Con idénticos pasos 
a los del peregrino. 
Lentamente. La misma 
mirada que el pintor ante el paisaje. 
Vuelo de mariposa. 
Así la estalactita. 
Como arena que mueve 
una duna. Caricia. 
La luz que desde dentro me acompaña.

136

Dublín, 2013

El cielo, un delantal de carnicero. 
Música que rebota en las paredes, 
destellos de neón en los vehículos, 
zumbido de extractor. Luces beodas. 

De mano en mano un casco de cerveza, 
las risas repetidas, ningún rastro 
de una infancia 
en el patio de un bloque protegido. 

Tanta esperanza consumida en tragos 
del alcohol más dañino: indiferencia, 
malas palabras. Luna vespertina 
que se mira en los charcos aceitosos. 

Bosque de sicomoros entre sombras.

124

Cill Easra, 2013

La súbita llovizna de septiembre 
sobre la ropa de trabajo enferma 
en las cuerdas de la azotea. Pétalos 
tiznados de geranio por la acera, 
colillas de camino al sumidero, 
pisadas húmedas sobre las losas. 
El cielo sin presagios; la luz, dócil. 
Abandona las gafas en la cómoda. 
Espiral hacia adentro, la conciencia 
aleja de las cosas la mirada. 
Difumina los bordes. Sacrifica colores.

102

Bray, 2013

Cruzan el puente las motocicletas 
los sábados por la noche. Humean, 
jazmín de aceite y gasolina 
quemados. Gritos, palabrotas. 
Levantan a su paso los vestidos 
y las faldas de chicas que no mienten. 
Risas, miradas. Nadie apuesta 
por la mañana del domingo. 
Tan cerca está la muerte que ni dice. 
Otra vuelta y nos vamos a bailar.

141

Badalona, 2013

Cada vez que imagino un nuevo verso 
la primera palabra que aparece 
es silencio. El silencio 
resuena, arranca, escandaliza, niega, 
qué sé yo, su azulado 
envés muestra las caras de la ausencia 
nada más. El silencio 
queda como palabra en envoltorio 
de color pensativo 
tan solo. El silencio si pervive 
es bajo tachaduras 
que sugieren al margen otras voces, 
un zurcido en la blusa. 
Cada poema que imagino empieza 
cediéndole al silencio su escritura.

125

Barcelona, 2013

Se aprende de memoria los ritmos y los bailes 
con que se agita el corazón del álamo. 

Estremece la piel de las aguas tranquilas 
alborotándolas con vanos sueños. 

Modifica el perfil de las dunas. Devasta 
los castillos de arena sin piedad. 

Tuerce primeras citas hacia el abismo. Elogia 
solo la terquedad de las paredes. 

Va sin invitación de casa en casa. Entra 
por las ranuras. Tiembla. Insiste. El tiempo.

134

Barcelona, 2013 

Una cisterna que gotea, 
el hollín de la luz cuando traspasa 
los cristales, hedor a olvido, 
gorjeo de una radio mal 

sintonizada hace tiempo, 
desde cuando bailábamos los sábados 
por la tarde en el comedor, 
inmortales los dos, la vida. 

Una ventana que no encaja, 
dejadez y abandono en todas partes 
donde mire. Las emisoras 

de la ciudad radiaban música 
la noche entera. Imaginábamos, 
insensatos, que aquel era el final.

133

Frigiliana, 2013

Como era verano 
estaban las ventanas 
y las puertas abiertas. 
Entraban con el aire 
húmedo estridencias 
de los afiladores 
de cuchillos, runrún 
de día de mercado, 
graznidos de gaviotas 
cerca de las basuras. 
Y mientras se apagaba 
la llama que encendieron 
los besos y caricias, 
las carreras de niños 
escaleras abajo, 
su griterío y estrépito, 
avivaban la vela 
con la ilusión de vida 
que suplanta a la vida.

144

Barcelona, 2013

He dejado correr la vida. Escribo.
No necesito más. La vida es tedio,
una película que he visto ya
muchas veces. Me aburre su penumbra

de árbol sin raíces. De estuario
donde el agua conoce su destino.
He dejado pasar la vida. Escribo.
Redacto de memoria con sus sombras

actas de defunción,
instancias al vacío,
informes con errores,
qué sé yo, cualquier cosa

donde haya palabras
que agonicen. Escribo.
Para engañar al tiempo
dejo correr el tiempo.


114

Barcelona, 2013

Colores que se come
el polvo, y las molduras,
país de la carcoma. Abandonadas
ventanas con cristales

rotos, puertas abiertas
al viento y a la lluvia de noviembre,
reloj con manecillas
muertas, florero inútil,

sábanas blancas sobre la memoria.
Pero cuando las alzo
nada me dice nada,

nunca estuve en la casa cuyas ruinas
habito. En mi presente
ya no queda pasado.

143

Dublín, 2013

A las cinco en enero ya oscurece,
los semáforos saltan su aburrida
rayuela ante los plátanos. Abrigos
y bufandas puntean las aceras.

Del cuello de la noche cuelgan perlas
brillantes y fugaces. Alguien fuma
en un balcón. Los signos nada enseñan
a quien los mira. La ciudad se pudre
sujeta en el bolsillo entre las manos.

El invierno le habla muy cansado,
con voz de lluvia, al alma. Las vacías
plazas, escaparates tras las rejas
y óxidos en el aire la dibujan.

109

The Globe. Londres, 2013

Yo, pensándote. Tapia
cubierta por la yedra con un mirlo
en lo alto, desconfiado, inquieto.
Maduran las cerezas y los nísperos,
pero la piedra insiste en su grisura.
Puerta, verja oxidada,
hierro que nadie cuida. Yo, sabiéndote,
mis zapatos de charla con guijarros
que sepultan las malas hierbas. Cruces,
flores marchitas, nombres sin alguna
letra. Yo, presintiéndote.

139

Lisboa, 2013 Restaurante Tronco

Deja en el guardarropa de la noche
las alas y el plumaje de los sueños,
hay azul en los pliegues de la falda.

Las bombillas que ocultan y el jergón,
guijarros en la senda de la nada,
que desabrocha blusas de inocencia.

Voces que no la nombran.

Atiende al oleaje de las sombras,
hormigas en la mariposa muerta.
Hay tizne entre las trazas de sus ojos,

renuncias de silicio. Cede el paso
cuando abre la puerta con chirridos.
Tan sucio todo como las metáforas.

129

Barcelona, 2013

Echo mano a los bolsillos
por hallar lo perdido. La palabra
que encabezaba un verso áptero,
aquel guijarro que lanzó mi bota,
lo que dijiste tan callada
frente al lago. Rebusco en los cajones
camafeos, quizás medallas,
también daguerrotipos de mujeres
desconocidas, esmeradas,
que en su tiempo dijeron lo que nadie
ya recuerda. Releo cartas,
hago memoria, regateo precios,
persigo lo que una vez tuve. 

121

Howth, 2013

En los recodos del sendero a veces
cae algún tronco que la hierba acuna
y el musgo hace suyo. Las arañas
plantan su observatorio de silencios
y las larvas excavan sus ciudades.
Cada tronco abatido en la tormenta
se transforma en escriba de los bosques.
Pasan los transeúntes sin siquiera
mirarlos. Sus historias para nadie
en cuneiforme de insectos que muerden
la madera transcriben mis poemas.


117

Frigiliana, 2013

Acumulaba azules, sombras
de óxido en las horas, días
en el cesto de frutas, pan
duro dentro de la panera.
La casa envejecía. Nadie
que cambiase los fluorescentes
de la cocina, que repare
el horno, el tirador, su miedo
si la noche la abandonaba
a sí misma. Con el pincel
del pintaúñas sin pintura
se arreglaba las manos. Tan
delicadas, había dicho. 

119

Frigiliana, 2013

Toscos arbustos, barro
de las últimas lluvias,
piedras, el estampado
blanquecino de flores
que crece entre roderas.
Cada paso que doy
deja una huella tierna
en el sendero. Pájaros
y palomas dibujan
el cielo de la tarde.
Tantas veces recorro
este mismo camino
que conozco las matas,
los almendros silvestres,
arañas y hormigueros.
Y cada vez lo ando
como una despedida.

122

Coimbra, 2013


Hangar abandonado
donde duerme de paso hacia la luz
cristales por el suelo
brillan en el silencio de la luna
donde duerme de paso
hacia el sueño con ojos bien abiertos
al ruido de metales
al silbo de serpientes
en senderos sin tránsito, parajes
hacia la luz por donde
camina por los márgenes avanza
hacia el sueño con ojos
siempre despiertos la maleza el ruido
pautado de las botas.

148

Londres, 2013

Puertas, luces, persianas blancas, colcha
y almohada blancas,
bordado azul el nombre del hotel
en las toallas blancas.
No conozco más patria que la noche,
la sucesión de cuartos
donde mi vida es agua en un patio
que no sabe, no encuentra
sumidero. Los pétalos de rosa
flotan, las hojas secas
que trajo el viento. Me verán morir
la silla y el armario
blancos. Cuando nací, de ningún sitio
y de ninguna parte
cuando me vaya. Sucesión de cuartos.
Paredes blancas y baldosas blancas.